“NOVIEMBRE”: CUANDO LA FICCIÓN DESFIGURA LA MEMORIA — UN LÍMITE CONSTITUCIONAL A LA LIBERTAD ARTÍSTICA

 


Hugo Lascarro Polo

Abogado especialista en Derecho Laboral y Seguridad Social. Creador de contenido educativo jurídico en redes sociales.

La acción de tutela interpuesta por la familia del magistrado Manuel Gaona Cruz (q.e.p.d.) contra Burning S.A.S. y las coproductoras de la película “Noviembre” representa un hito judicial en Colombia. La controversia no surge por la representación del hecho histórico —la toma del Palacio de Justicia—, sino por el uso del nombre y la imagen del magistrado, retratado como “cómplice y pusilánime”, en abierta contradicción con los informes judiciales y de memoria histórica que documentaron su secuestro y asesinato por el M-19.

La familia alegó vulneración de los derechos fundamentales a la honra, buen nombre, intimidad familiar, propia imagen, memoria histórica y verdad, en conexidad con la dignidad humana y la presunción de inocencia post mortem.

El juez de tutela reconoció la tensión entre la libertad artística y el derecho a la memoria, pero concluyó que la obra “Noviembre” había rebasado los límites constitucionales, al reconstruir una “verdad alternativa” contraria a los hechos judicialmente establecidos.

Por eso, concedió el amparo y ordenó medidas correctivas:

1.     Incluir un disclaimer visible que advierta al público que la película es una “ficción basada en hechos reales”;

2.     Incorporar la misma aclaración en piezas publicitarias y boletos;

3.     Abstenerse de entrevistas o promociones que sugieran que la representación tiene valor histórico;

4.     Eliminar o modificar los diálogos que implican una imputación injuriosa, como aquel en que se dice: “Ni usted, Gaona, que es uña y mugre con estos terroristas.”

El fallo recuerda que, si bien el arte no puede ser censurado preventivamente, pierde su amparo constitucional cuando se convierte en vehículo de falsedad, degradación o re victimización.

En una democracia, el arte tiene licencia para incomodar. Pero la libertad de creación no es absoluta: encuentra límites en los derechos de las víctimas y en la protección de la memoria como bien constitucional.

En palabras del juez: “la obra afectó la honra, el buen nombre y la imagen del entonces magistrado Manuel Gaona Cruz, al cambiar el sentido de hechos judicialmente demostrados y presentarlos como si fueran inciertos o ficticios.”

El caso se asemeja a debates internacionales sobre ficción biográfica y derechos post mortem, donde se ha advertido que la representación artística de figuras históricas no puede tergiversar hechos probados ni vulnerar la dignidad de las víctimas (v. gr. Oliver Stone vs. Nixon, Netflix vs. Familia Versace).

La defensa de la productora se basó en que “Noviembre” era una obra de ficción inspirada en hechos reales. Pero aquí se produjo una confusión peligrosa:
📍 Se usó el nombre real de una víctima de lesa humanidad,
📍 Se alteró su carácter histórico,
📍 Y se presentó la narrativa sin advertir que era una interpretación subjetiva.

Esto no es solo un dilema artístico: es un problema de responsabilidad social del creador.
La ficción, cuando se basa en hechos trágicos de la historia nacional, no puede reescribir la verdad judicial en nombre de la libertad creativa, porque termina legitimando versiones falsas que perpetúan el dolor de las víctimas.

El caso Gaona evidencia una deuda del Estado colombiano: no existe una política pública clara sobre el tratamiento audiovisual de la memoria histórica.
Urge que el Ministerio de Cultura, en articulación con la Unidad de Búsqueda de la Verdad y el CNMH, expida una guía de buenas prácticas éticas para producciones que aborden temas de conflicto armado, derechos humanos o víctimas del Estado.

Esto no implica censura, sino responsabilidad cultural: garantizar que la creación artística dialogue con la verdad judicial y respete la dignidad de quienes vivieron —y murieron— por defender la justicia.

El fallo sobre “Noviembre” no censura el arte: le recuerda su responsabilidad. La memoria de un magistrado asesinado no puede ser reinterpretada como ficción útil. En una sociedad que aún busca sanar sus heridas, la creación debe servir a la verdad, no a la distorsión de la historia.

La libertad de expresión sin ética es solo ruido; la memoria sin verdad, es solo silencio.

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